Imposible es aquello que tú decides no hacer.

“Imposible es aquello que tú decides no hacer”

¿Es envidia la cochina, o la cochina la envidia? No es fácil aceptar y decir que la envidia no hay por donde cogerla con buenos modales. Nunca ha existido envidia sana. Envidia es mala y punto.
Pues tengo envidia. Tengo envidia de la gente que consigue que se cumpla sus sueños. Tengo envidia de Megan Maxwell. A la vez la admiro porque al leer su web, la presentación de su blog he sentido en sus palabras lo que nos convierte en personas emprendedoras, luchadores por nuestros sueños. Somos muchos, algunos llegan otros no y yo… estoy en ello. He tardado 38 años en ponerme a ello y solo un año intentándolo, pero os aseguro que nada me parará, ni siquiera este dolor que padezco desde Enero. Este dolor que a día de hoy no saben decirme exactamente porque es. Este dolor que me impide sentarme y poder plasmar tantas ideas que tengo en la cabeza. Este dolor con el que estoy aprendiendo a convivir. Le hablé y le dije que tenía un gran proyecto personal. Ser escritora. El dolor me miró y se rió mientras me decía:
-        -  ¿A dónde crees que vas con ese sueño?, yo te lo voy a impedir, no puedes estar mas de quince minutos sentada. Te duele todo el cuerpo hasta las uñas, los dedos con los que te gustaría poder trazar cada personaje están doloridos. Siéntate en el sofá y ve la tele. Tómate las pastillas hasta que te dejen totalmente drogada.
-          - ¡Estás loco! – Le contesté- Estoy hecha de otra pasta. Estoy hecha de la pasta de la ilusión y del sueño. Es imposible que me quede quieta. Por encima de todo está mi ilusión. Te quedaras solo.
-        -   No te dejare soñar, no te dejare tener ilusión. No te dejare escribir. Cada día que te levantes, desearas no haberlo hecho. Cada paso que des, desearas tumbarte en el sofá. Y lo peor es que tienes dos niños pequeños a quienes atender, no te quedaran fuerzas para nada más.
Le miré y me eche a llorar. Me dolía todo el cuerpo, las uñas, las orejas. Me dolía llorar.
Me tome las pastillas y mi mente se adormeció, mas tarde mi cuerpo.
A las cinco y media de la mañana, mi mente inquieta me despertó. Me invito a ir a mi despacho y a escribir. En mi ordenador pegado estaba mi lema “Imposible es aquello que tú decides no hacer”. Sonreí, para mí nada es imposible en esta vida siempre y cuando lo intentes. Pues bien, me senté y empecé a escribir mientras notaba como el dolor cabreado empezaba  hacer de las suyas. No tomare las pastillas hasta que no saque de mi mente lo que tengo. Dolor tú y yo aprenderemos a darnos espacio. Me levantare de la silla cada quince minutos y descansare, pero te prometo que escribiré.


“Imposible es aquello que tú decides no hacer”

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