Feliz día a las mamis.

Madre estresada busca...
Ibiza

La fuerza de una familia como la fuerza de un ejército se funda en su mutua lealtad.
Descripción: Enviar frase
Mario Puzo (1920-1999) Escritor estadounidense.



Ser madre es bonito. Ser madre es y será tantas cosas que no podría escribirlo en un relato corto. Necesitaría toda la vida para poder explicar lo que es. Porque ni es como en las películas,  ni es como muchas madres hacen creer a otras. Ser madre puede resultar muy duro.

Lo que voy a contar ocurrió el mes de Julio de 2012.
Mi bebé mayor tenía dos años y cinco meses y el pequeño siete meses. Con todo lo que conlleva para la sociedad, me fui unos días de desconexión.
Sí. Me fui.
Mí segundo bebe llegó por cesárea igual que el primero. En el 2010 tuve mi primera cesárea y en el 2011 la segunda.
A los quince días me quedé sola en casa, con mis puntos, un bebé de veinte meses y otro recién nacido.
El de veinte meses se volvió más bebé y necesitaba más atención. Lloraba mucho y se volvió más mimoso. Comprensible. Tenía el síndrome del príncipe destronado, así que  le hacía más caso, para poder compensarle.
Por las mañanas le llevaba a la guardería y al bajar del coche no quería andar, me decía.
__Mamá brazos, brazos.
Y yo le cogía en brazos. Bebé pequeño, en el maxi cosi, en un brazo ,y bebé grande en  el otro brazo. Sudando en pleno invierno la gota gorda. Así eran mis mañanas. Al final el dolor de los puntos lo sentía pero muy lejano ya que el dolor de los brazos era más inminente.
Analgésicos para los puntos y para mis dolores musculares.
Mi vecina Yolanda se compadeció de mí y por las mañanas se llevaba al mayor junto con su hijo. Así pude tener más tiempo para el pequeño, la casa, el trabajo y respirar.
Trabajo. Soy autónoma...  Ya sabéis lo que significa en los tiempos que corren. Hay ciertas cosas que no me puedo permitir. ¿Baja maternal? ¡Ja! He tardado cuatro largos años para tener mi cartera de clientes y que me hagan caso.
Mi trabajo es un trabajo que es al momento. Te entra un casting y debes  realizarlo ya. Te entra una opción y es al momento. Así es el mundo de la moda. Un booking no puede esperar. Igual que con mi primer parto a los pocos días si me pedían presupuesto, trabajaba. Si había un booking lo hacía, porque ese era el pan que mis hijos iban a traer al mundo. Mucho trabajo por parte de sus padres.
Cuando terminó mi maternidad aceleré a ciento veinte  para ponerme al día. Trabajaba con mí recién nacido en brazos. Y por las tardes con los dos.
Los clientes llamaban y cuando oían los lloros me decían.
__ Mejor te mando un mail.
__¿Qué tal los nenes?
__¿ Le estás dando el pecho?
__¿Qué tal lo llevas?
Formaban parte de mi vida y no me quedaba otra que compartir mis momentos. Mandaba los mails que hicieran falta pero había clientes que sí querían hablar, así que no podía dejar de cogerles el teléfono y al final se creó un vínculo, tanto con mis clientes como con los actores y modelos. Muchos se compadecían de mí. Otros alababan mi tenacidad y gran esfuerzo del día a día.

Pasaban los meses y yo me estresaba cada día más. Apenas dormía. Las noches de domingo a jueves hacia la guardia. Daba el pecho al pequeño, biberón al mayor, y cuando volvía  a la cama me costaba dormir.
Levántate al día siguiente sin apenas dormir, un día y otro y al otro y trabaja. Estate con los niños, trabaja con ellos. La casa. Mi nivel de estrés se acentuó.
Hay una secuencia de Sexo en Nueva York II, donde una  Charlotte estresada por sus hijas se mete en la despensa a llorar. Yo hacía lo mismo,  pero en vez de meterme en la despensa, salía a la parcela a llorar, mientras los dos estaban dentro gritando como locos. Ese momento me mantenía cuerda, porque después de llorar dos minutos (porque mas no podía), volvía con ellos con las pilas recargadas con mucho amor y paciencia.
Fui al médico y me mando una cura de sueño y un tratamiento. Me dijo que bajo prescripción médica debería de descansar y dedicarme tiempo a mí misma, ¡Ja! ¿Cómo?
Mi  estrés llego a tal punto que un día estando en la cocina con mi marido, le dije:
__Cari, sé que está siendo duro ser padres, ¿por qué no te vas un fin de semana a descansar y luego yo me voy otro?
Me miro con cara de pocos amigos.
__No necesito ir a ningún sitio.
Tragué saliva.
Hacía dos meses que le venía pidiendo ayuda. No debería ser ayuda sino compartir, porque ni la casa es solo mía, ni los hijos solo míos. Pero sí que le pedí ayuda.
Con los dos bebes tuve que aprender a organizarme como podía. Y mantenía todo en su sitio para no tener que recoger.  Pero por alguna razón que desconozco mi marido cuando llegaba a casa me la desordenaba. No le pedía que recogiera, si no que mantuviera las cosas tal y como las encontraba. No había manera. Llegaba del trabajo y se tumbaba en el sofá para echarse la siesta porque decía que estaba agotado.
Discutíamos y mucho. Le recriminaba su egoísmo. Que si él se sentía cansado como debería sentirme yo, que no dormía, que trabajaba por las mañanas con un hijo y por las tardes con los dos. Que recogía la casa, preparaba la comida, lavaba la ropa, planchaba etc. Tenía ayuda.  Venía Mariana tres veces por semana, dos horas. Pero eso en una casa grande no es suficiente. No me preparaba la comida, ni me ponía lavadoras, ni me hacia las camas todos los días, ni me cuidaba a los niños, ni trabajaba para mí. Así que cuando mi marido me dijo que tenía ayuda casi le mordí.
Nuestra relación se deterioró bastante. Apenas nos hablábamos, y cuando lo hacíamos era para recriminarnos. Y él, iba mirando las cosas que  yo iba dejando para decirme.
__Cari, si yo no puedo ir dejando las cosas por la casa tú tampoco.
  A lo que  yo le contestaba:
__La diferencia radica en que al día siguiente lo recojo yo y no tú. Quien recoge puede dejar las cosas donde quiera.  Si tú no recoges tus cosas  porque estas cansado  yo no lo voy a hacer.
Ese día en la cocina, no pude explicarle cómo me sentía.  Las palabras me habían abandonado. Estaba agotada de pelearme con él. Estaba agotada de que no me entendiera. Estaba agotada de no dormir.  Y las lágrimas brotaron de mis ojos. No podía dejar de llorar,  y por primera vez se quedó sin palabras.

Al día siguiente vino del trabajo suave. Recogió los juguetes de los nenes, estuvo atento conmigo y mientras preparaba la cena, me sirvió una copa de vino.
__He pensado que tú necesitas un descanso  más que yo. ¿Por qué no te vas un fin de semana a Ibiza a descansar con Susi?.
Me quedé mirándole y le contesté.
__No necesito ir a Ibiza, solo quiero dormir, me conformo con irme a un hotel a dormir veinticuatro horas.
__También necesitas desconectar. Ibiza es un buen sitio para ello.
__Seguro que lo es, pero no puedo dejarte solo con los nenes, es mucho trabajo para ti.
__No te preocupes, llamaré a mi madre que estará encantada de ayudarme. Pero necesitas desconectar, nunca te había visto en este estado. Además esta noche haré la guardia.
Esa noche dormí. Dormí, dormí y, dormí.
Al día siguiente me sentía mejor, así que no pensé en Ibiza.
Mi marido envió un mensaje via facebook a Susi para prepararme una sorpresa  y mandarme a Ibiza. Pero Susi no miraba el face, así que mi marido tuvo que contármelo.
__No localizo a Susi, le mande un face para concretar el día que pudieras irte. Y no tengo su teléfono.
__Pero que no hace falta que me vaya, de verdad. Ya estoy mejor. Si duermo un par de días más me encontraré perfectamente.
__Te irás de todos modos, así que elige el día.
Me sentí culpable, como si les abandonara. Llamé a mis amigas y todas coincidieron en que debería  irme, que lo necesitaba mentalmente. Así que llame a Susi y preparé el viaje.

A las 01:30 llegué a la isla pituisa. El calor, la humedad, el olor, el color, la gente. Mi cuerpo se activo. Cogí un taxi hasta casa de Susi. Ella me esperaba en el portal, mientras se despedía de su última conquista.
No nos acostamos hasta las cinco de la mañana poniéndonos al día. Y a las nueve de  la mañana bajamos a desayunar.
El plan era tranquilo para que yo pudiera descansar.
Camino de la playa nos encontramos con su conquista. Se llamaba como mi marido. El típico hombre con que siempre le habíamos dicho que debería de salir. Luis me gustó: majo, educado, bien vestido; no un perro flauta con los que a ella le gustaba salir. Este era un hombre que te llevaría a lugares exquisitos y la trataría como una reina. Dicho y hecho.
Nos mandó a la playa D´Embossa a preguntar por un tal Valentín y que le dijéramos que íbamos de su parte. Que él se pasaría más tarde.
 Cuando llegamos a la playa el  chico nos preparó dos hamacas y sombra en la primera línea. Prácticamente mis pies tocaban el agua. Hamacas blancas, música suave y un Long Island ice tea para mí y un Cosmopolitan para Susi.
Desconecté, me bañe, me reí, me relajé.
Luis vino como tres horas mas tarde y nos trato como a reinas. Las cervezas, refrescos corrían de su cuenta. Nos mimó y yo me quedé dormida mientras ellos se ponían al día de sus besos.
Al despertarme vi que se estaban bañando acaramelados y eché de menos compartir ese momento con mi marido. El hambre me sacó de mi ensimismamiento. Susi y yo decidimos ir a comer mientras Luis volvía al trabajo.

Comimos unas hamburguesas y volvimos a la playa.
La música ya había subido de potencia. Los Walking Dead estaban apareciendo por las esquinas bailando. Y por un momento me sentí fuera de lugar. Y decidimos irnos.
Cenamos prontito y a las once de la noche ya estábamos en la cama.

Al día siguiente ella se fue a trabajar a las 10 de la mañana.  Yo bajé a la playa  que estaba cerca de su casa a pasar el día.
Compré periódicos, revistas de moda, revistas de cotilleos para ponerme al día.
Una hamaca, sombra, periódicos, revistas y agua. Así empezó mí mañana.
Leí y leí. Dormí y dormí. La tranquilidad de ese momento no tenía precio.
A las dos horas de estar ahí me percaté de la presencia de una mami. Llevaba un carro  con gemelos. Los mecía intentando que dejaran de llorar. A su lado un señor de mas o menos su edad y una señora mayor. La mami tenía cara de pocos amigos. Estaba enfadada, cabreada. Vi en ella el reflejo de mi  imagen en casa.  Se la notaba  estresada.
Me compadecí de ella.
Cogí otra revista dispuesta a devorar todas sus páginas y en ese momento se presentaron tres chicos con sus toallas y se colocaron  a pocos metros delante de mí.
Observé a través de mis gafas como me contemplaban. Seguí a lo mío, pero no pudieron contenerse y el macho alfa se acerco a mí, mientras los machos betas se quedaron a la expectativa.
__¡Hola!
Le miré y pensé en ser desagradable.
__¡Hola!
__Me llamo M… y no he podido dejar de deleitarme con tu belleza.
¡Qué antiguo suenas, tío!, pensé para mis adentros.
 Sin embargo, le sonreí.
__Y yo G… __respondí educadamente.
         __Bonito nombre. Es italiano, de cerca de mi región. ¿Eres italiana?
__ Mi nombre es italiano, pero yo no lo soy .
__¿ Y cómo  es que llevas nombre italiano?
__Es una larga historia.
__Tengo todo el tiempo del mundo.
__Yo no.
__¿No?, ¿Por qué?
__Porque he venido a descansar.
__¿A Ibiza? Aquí se  viene a no parar.
Le miré. Le sonreí. En el pasado ese era el tipo de chico con el que me habría enrollado. Guapo a rabiar. Alto, se podía lavar la ropa en sus abdominales. Estaba moreno, muy moreno,  con ojos marrones verdosos, media melena y unos dientes blanquísimos. Y ese castellano-italiano…. ¡Uah! Aquellos maravillosos años en los  que me  los comía de dos en dos.
__Ya, pero tengo dos bebes que me estresan, así que he venido a descansar.
Silencio.
__¿Y has venido sola?
__Sí. Sola.
__Y no te apetecería salir con nosotros esta noche? Vamos a ver el partido España-Italia. Serías muy bien recibida.
__No gracias. Lo veré con mi amiga.
__Pero has dicho que estabas sola?
Me estaba cabreando. Respiré.
__Mi amiga vive aquí y estoy en su casa. Sola, sola no estoy.
Silencio.  Él estaba sopesando su plan de ataque.
__ Pues para ser una mamá con dos bebés estás buenísima.
Silencio. Definitivamente es el tipo de hombre que me llevaba antes a la cama: poco seso y mucho músculo. Sonreí.
__Gracias.
Quería dar por terminada la conversación pero él se quedó de pie a mi lado mirándome. La situación empezaba a ser incómoda para mí.
__Piénsatelo nena. Nos lo pasaríamos muy bien.
Yo ya no sonreía.
La mami que estaba a mi lado me preguntó.
__¿Tienes dos hijos?
Me volví hacia ella.
__Sí.
__¿De cuánto tiempo?
__El mayor dos años y cinco meses,  y el pequeño siete meses. Se llevan veinte meses.
La mami sonrió. Me miró con cara de cómplice. El italiano de playa se dio por ignorado y volvió a su toalla.
Me relajé.
      __Los míos también se llevan veinte meses. Te vi apurada y decidí ayudarte. Son como moscas __dijo mientras señalaba con la cabeza a los chicos.
__Gracias. Ya no sabía cómo quitármelo de encima. Un poco más y hubiese sido desagradable con él. He perdido la práctica.
Me acerqué a los nenes que estaban durmiendo, y les sonreí.
__Qué guapos son. Los míos también son varones.
__¿Y dices que estás de vacaciones sola? ¿Cómo lo has logrado?
Me reí a carcajadas y ella también. La vi relajándose.
__Esto no son vacaciones. Esto es una mierda. Mientras yo estoy aquí sola con ellos, mi marido y mi suegra están en el chiringuito.
          __¿Por qué no te vas con ellos?
__¿Has oído la música infernal? Los nenes se despertarían y se pondrían  a llorar. Prefiero quedarme aquí.
 __Pues cuando venga tu suegra te vas un rato con tu marido.
__Mi suegra no se queda nunca con los niños, dice que la estresan.
Me dio pena.
__Dime como lo has conseguido. Poder irte de vacaciones sola. Quiero lo mismo que tú.
__Estaba muy mal. Muy estresada, me dio un ataque de ansiedad.
__Yo también estoy estresada y no me han regalado un viaje a Ibiza. Han añadido a mi suegra al viaje. Estos no son vacaciones. Esto es sufrir. Las vacaciones con niños no lo son.
    __Lo sé. Por eso me vine bien  sola para  luego, cuando nos vayamos de vacaciones familiares, esté descansada.
Se quedó en silencio. Vi tristeza en sus ojos. Unas lágrimas que estaban a punto de asomarse.
      __¿Sabes qué?
Silencio.
Carraspeó. Tragó saliva.
       __¿Qué?
      __Intenta organizarte el año que viene para tener aunque sea un fin de semana libre. Eso no te convierte en mala madre. Si estás bien podrás adorar más a tu familia.
Sonrió.
__Tienes razón.
__¿Te encargas tú de ellos todo el día?
__No, no podría. Les adoro pero me estresan demasiado. Trabajo media jornada y tengo a Penélope que se encarga de ellos y de limpiar la casa. Por las tarde me toca estar con ellos, llevarlos al parque. Te aseguro que el rollo del parque me mata. Madres abnegadas con sus hijos, madres tontas, madres repipis, madre…,madres.. uf!!.
__Te entiendo. Yo siempre digo que soy una madre diferente. Con mucho amor para mis hijos, pero diferente.
Estábamos en la misma sintonía y parecía más relajada con la charla.
__ Pues yo trabajo en casa y además de ocupo de ellos y la intendencia doméstica.

__ ¿Y cómo lo haces? Yo me declaro incapaz.
__Bueno,  el mayor ya  va a la guardería de nueve a una y eso me deja tiempo para mis cosas y ocuparme del peque. ¡Mi marido no llega hasta las ocho!
Nos quedamos en silencio.
Yo vi como se acercaba su marido y yo decidí que era hora de ir a por un bocadillo y terminar la conversación.

 Cuando me levanté de la hamaca observé  a varios grupitos mirándome. El grupo de los italianos incluido. Iba a ponerme algo de ropa para acercarme al chiringuito pero mi vanidad pudo más. Fui en bikini contoneando mis caderas. Este cuerpo había que enseñarlo después de dos partos y volver a mi talla 36. Me sentía divina. Me sentía sexy. Me sentía poderosa.

Un bocadillo de media barra de jamón serrano del mejor bellota que tenían en la carta. Un litro y medio de agua. Un sueñecito oyendo las olas suaves del mar y silencio. Era feliz.
 Cuando me desperté mi zona estaba semi-vacía. Se había ido el matrimonio con los nenes y la suegra. Los ligones playeros estaban dormidos. Apenas quedaba nadie a mí alrededor.
Le mande un mensaje a mi marido.
“Hamaca 15€, sombrilla 10€, bocadillo de jamón de bellota 20€, agua mineral 3€. Estar tumbada en la playa sola comiéndolo no tiene precio, para lo demás nuestra Master Card. Te quiero”
Se lo envié con una foto mía tumbada en  la hamaca.
         Me contesto rápidamente.

“Saber que estás disfrutando y, seguramente leyendo muchos periódicos, revistas y algún otro libro de tu kidle, eso sí que no tiene precio porque ahora mismo eres feliz. Te esperamos y deseamos que vuelvas. Tu marido y los niños te extrañan y te quieren un montón”
 Sonreí.
 A continuación llegó otro mensaje.
“¿Volverás,  no?”
Me reí a carcajadas. Desperté  a un macho ibérico que estaba delante de mí. Me miró sorprendido.
        __ Siento haberte despertado __me disculpé
No dijo nada, simplemente se dio la vuelta y siguió durmiendo.
Fue una tarde apacible.
Mi amiga vino a recogerme después del trabajo. Nos quedamos viendo el atardecer y supe que a lo largo de mi vida me pediría  más vacaciones sola.

Aquella noche España se proclamó campeón de la Eurocopa. Vimos el partido en casa tranquilamente y después a dormir.
Los días habían pasado rápidamente y debía volver a casa.
Deseaba volver a ver a mis retoños. Y sabía que no iba a echar de menos estar en Ibiza. Había descansado mental y físicamente. Estaba preparada para la vuelta.
Mi última mañana, desayuné a la orilla del  mar. Leí dos periódicos y me despedí de mi estancia.
Taxi al aeropuerto. Avión que sale con retraso. Yo ansiosa por ver a mi familia. Tres horas después estaba en Madrid.
Mi hijo mayor, al verme, gritó.
__¡Mamá! 
 Y se acercó corriendo hacia mí. Pero al llegar donde estaba, lo único que quiso fue llevarme la maleta. Le pedí un beso, me dio el beso pero insistió en llevar la maleta. Media hora para salir de Barajas. Mi marido se le veía encantado  y mi bebé no paraba de sonreír.
Si. Debería irme una vez al año para ver esa mirada tierna  y desvalida en los ojos de mi marido, reflexioné. La lealtad y el cariño que me  ha mostrado dejándome mi espacio y enviándome de vacaciones hace que  ahora crea más en él.


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