Las aventuras de GigiAro El nacimiento del protector


La Leona hizo un ruido que no llegaba a ser un rugido. Todos los demás animales de la manada le siguieron. Nadie preguntó. Todas estaban de acuerdo en que era el momento. Tendrían que buscar por toda la sabana africana si hacía falta, tenían claro que debían encontrarla.


La comitiva siguió su camino por la selva en busca de la futura mamá. Una comitiva con los animales sólo en femenino.


Cruzaron rios, subieron llanuras y por fin encontraron a la Loba tendida en el suelo, cobijada por la sombra del árbol Ceiba. La Loba al divisar la manada tuvo miedo y al ver que la manada estaba compuesta por animales de diferentes especies se extrañó y ya cuando vio que todas eran hembras se relajó.


- Venimos a ayudarte – dijo a modo de saludo la Leona-


- La manada es extraña – contestó medio jadeando la Loba-


- Tu hijo nos ha traído hasta aquí- contestó a modo de respuesta la leona


- ¿Mi hijo?- La loba no entendía nada.


- Si. Porque tu estas lejos de Etiopia. Estas en Guinea Ecuatorial.


- Entonces por fin llegué. El bebé me trajo, llevo varios días andando. Y no sabía que buscaba.


- Ahorra fuerzas, luego te lo explicaremos pero ahora te ayudaremos a traer al cachorro al mundo.


La Simio las organizó y se dispusieron a traer al mundo al cachorro.


La serpiente se enroscó para que la madre pudiera usarla de apoyadero.


Una vez fuera de la tripa de su madre, arroparon al cachorro no permitiendo que le diera la luz del Sol.


- Debemos volver al poblado para protegerle del Sol –dijo la Simio- Y es una lobita- dijo acercándosela a la Loba quien la cogió en sus brazos


-¿Es una niña?- gimoteó la madre mirando a su bebé.


La comitiva levantó el campamento y se dirigieron a la aldea. La Loba iba custodiada en una camilla que habían construido la Osa y la Canguro. De repente la Simio comenzó a entonar una canción y todas siguieron la melodía, cantando y gritando a viva voz.


“Eh millele he, he millelé –gritó la Simio –


Ho jum mery – Gritaron el resto al unisonó.


Cantaron todas.


Eh millele he, he millelé, ho jum mery… ho jum, ho jum, ho jum, ho jum merry, ho jum, ho jum, ho jum, o hum mery…


Hacía varios días que habían terminado de construir su propio Abaa. La construcción de un Abaa por hembras había creado un gran conflicto en el poblado animal. Las hembras y los jóvenes tenían prohibido entrar en el Abaa. Era lugar de culto y el sitio donde se impartía justicia. Sólo entraban los sabios y los más ancianos. Y jamás lo pisaban hembras y menos que hubiese existido uno para ellas.



Ya en el poblado llevaron al cachorro Loba junto con su madre al Abaa.



La Leona admiró la gran labor que habían hecho y recordó el gran enfrentamiento que casi tuvieron con los machos. Ellos a un lado y ellas y todos los cachorros al otro lado. Su marido al frente de la manada de ellos rugiendo y ella al frente de la manada de las hembras con un rugido más grande que el de su propio marido. Estaban dispuestas a luchar por lo que ellas consideraban que era la hora de hacer cambios. Iba a ser la gran batalla. Sabían que no podían ceder. Llegaba una nueva Era y ellas, las matriarcas tomarían el relevo. El cambio empezaba por los animales y se extendería por el mundo de los humanos. La Era de lo femenino.

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