La bella tortuga


Íbamos una amiga y yo en el metro, dos chicas sentadas delante de nosotras iban hablando de las responsabilidades familiares, los niños, el trabajo, las parejas y el estrés que todo eso produce.

Mi amiga se giró me miró a la cara y me preguntó:

-Oye, ¿cómo llevas tu una enfermedad que no tiene cura?, una enfermedad que apenas conoce nadie y que te duele todo cuerpo veinticuatro horas al día y sientes quemazón por todo el cuerpo?

Me quedé mirándola y sonreí.

-No creo que realmente quieras saberlo.

-¿Y por qué no? _Me preguntó.


Las dos chicas de enfrente se habían callado y estaban atentas a nuestra conversación.


-Porque soy como una tortuga y no una tortuga normal, soy una tortuga ninja


Las chicas abrieron los ojos como platos pensando que aquello era alguna burla y mi amiga que le encantaba jugar llamando la atención prosiguió elevando un poco más la voz para tener más público.


-¿Que eres una tortuga ninja? ¿Cuál de ellos Leonardo? _Me callé. Dándome cuenta que parte de nuestro vagón estaba pendiente de nuestra conversación. Decidí proseguir para el público que de manera improvisaba estaban al acecho de mis palabras.


-A los ojos del mundo soy diferente. Una tortuga atractiva, todo el mundo quiere estar a mi lado, tocarme, hablarme y ver lo que puedo hacer pero una vez descubierto que soy una tortuga normal se alejaban de mi como una bicho apestoso.


-¿Por qué dejas que descubran que eres realmente una tortuga normal?_ me preguntó mi amiga.


-Porque de vez en cuando alguien especial se te acerca, te acaricia el caparazón y te dejas y confías pero un día sin darte cuenta le dejas que te toque la cabeza e instintivamente entras en el caparazón y viendo tu vulnerabilidad decide destrozar el caparazón que te protege para ver donde te escondes. Una vez sin caparazón pasas frío, miedo... desde entonces no dejo que la gente me conozca.


-¿Estás diciendo que la gente solo quiere ver lo bonito?


- Sí. La gente quiere las cosas bonitas, momentos maravillosos, no quieren responsabilidades. La gente quiere lo que me rodea, no me quieren a mí con mi dolencia, mi malhumor y mis malos momentos.


- Es triste pensar así.


- Pero sabes que es la verdad. Tienes amigos y gente a tu alrededor si tienes algo que ofrecerles. En cuanto no tienes nada desaparecen. Se quejan de sus vidas, de las responsabilidades adquiridas pero no hacen nada por cambiar.


Las dos chicas que antes se quejaban nos miraron desafiantes, se levantaron de su asiento y bajaron en la siguiente parada cuchicheando mientras el resto de la gente que se encontraba en el vagón miraban al suelo, a sus bolsos, móviles, cualquier cosa con tal de no aceptar la verdad.


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