La Fibra

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La fibra



Miró el reloj de la mesita de noche. Marcaban las cuatro y cuarenta y cinco minutos de la madrugada. Demasiado temprano para intentarlo. Eso a él le daba igual, le daba igual la hora que fuese. Se había apoderado de ella, de ahí su despertar. Ya eran tres largos años desde que fuera consciente de que era prisionera. Y eso la imposibilitada para llevar una vida normal.

Volvió a mirar el reloj, apenas habían pasados pocos minutos desde la primera vez que lo miro, ya era insoportable mantenerse en la misma postura. Se acurrucó en posición fetal. Sintió que tampoco era buena postura. De lado, boca arriba, de espaldas. Daba igual la postura él se apoderaba de ella.

- ¿Qué crees que haces? - Le pregunto viéndola dando tantas vueltas – Nadie puede ayudarte, nadie puede vencerme. Cuando me enamoro de alguien no hay nada que hacer, debes rendirte y tomarme en tus brazos.

Se le cayó una lágrima. Esto no era vivir. Estaba perdiendo el norte. Estaba cansada de luchar.

- No me importa que llores, más bien …me excita. Poseeré cada fibra de tu cuerpo y cuando me canse de abusar de tu cuerpo llamare a mis dos gemelos. Ya los conoces. El ritual es siempre el mismo. Quemazón disfruta ardiéndote la piel centímetro a centímetro y Cansado ya sabes… dejarte como una vegetal, no podrás mover ni una sola articulación.

Ella seguía llorando.

- Solo te recuerdo con lo que tienes que vivir. No hay salida estas condenada.

Decidió no hacerle caso y levantarse de la cama. Notó que no podía mover la pierna. La tenía paralizada, ¿tan pronto había llegado el gemelo número tres? No se había dado cuenta que mientras la hablaba el número uno el dos ya estaba dentro de ella. Estaba asustada, era demasiada presión, no sentía las piernas. Entre el dolor y la parálisis estaba acojonada. Respiró hondo. Debía sobrevivir.

Su subconsciente le decía “Relájate y deja que se apoderen de tu cuerpo. Es solo cuerpo, no podrán vencer tu mente, acepta lo inevitable”.

Llegó el segundo gemelo y como los otros dos…disfrutaba torturándola. La iba quemando la piel centímetro a centímetro. Su cuerpo ardía de quemazón, le dolía todo el cuerpo y le había atacado el agotamiento. Se relajó como había aprendido en las clases de yoga y dejo que su mente vagara a un lugar de paz y tranquilidad. Un lugar que esos tres malvados no podrían encontrarla. Y ahí encontró fuerzas. Giró su cuerpo quedándose apoyado en el lado derecho y con la mano se ayudó a levantarse. Notaba como le sujetaban para que no pudiera levantarse pero ella intentaba vencerles. Cogió una pierna con la mano mientras notaba latigazos de dolor en ambos brazos. Bajo una pierna de la cama como si fuera una pierna inerte. Luego la otra pierna y se puso en pie.

Sabía que su lucha era para toda la vida y cuanto antes se diera cuenta y aprendiera a alejar su mente de su cuerpo tal vez a si consiguiera vencerles aunque fuese por unos segundos.

*

Aquella mañana, pese a saber ya lo que le iba a decir el médico. Tuvo un poco de fe, de ilusión de… El médico le miro con compasión.

- ¿Qué tal? – Pregunto el medico?


- ¿Qué tal?, jodida – Le dio igual que fuera un médico nuevo. Cada vez que iba a esa unidad le trataba un médico diferente. Y estaba cansada de explicar sus síntomas o lo que fuera. Ellos ya lo sabían ¿porque cojones le preguntaban?. Se sentía imbécil. Respiro hondo y le contestó:

- Lo de siempre, dificultad para dormir, rigidez por las mañanas, dolores de cabeza, periodos menstruales dolorosos, sensación de hormigueo y adormecimiento en las manos y pies. Falta de memoria dificultad para concentrarme. Dolor en todo el cuerpo- Recito como una autómata- ¿Sigo?

El medico noto su rabia y frustración.

- No. No hace falta que sigas. La falta de concentración se llama Fibroneblina.


Y solo quería saber lo que hacías a diario para sobrellevar la enfermedad.

Ella le miro con rabia. ¿Sobrellevar la enfermedad? ¿Cómo podía pensar que esa enfermedad se podría sobrellevar?. Dolor en el cuerpo veinticuatro horas al día?. Estaba loco pero sonrió y le dijo:

- Hago yoga, pilates y relación y me tomo los medicamentos. Aunque he descubierto que los medicamentos no me hacen nada y me preocupa más mis riñones hígado etc.. Los efectos secundarios de toda la medicación que me dais.

- A mí también. No sé si habrás leído sobre tu enfermedad. No tiene cura.


Los médicos no sabemos a qué es debido. Estamos perdidos. No hay medicamento para ello. El medicamento más fuerte que os damos es morfina y tampoco alivia el dolor. Te baja la intensidad durante varios días pero luego vuelve a subir. No soy partidario de más infiltraciones, porque veo en tu ficha que ya te infiltramos y el dolor volvió. Las infiltraciones conllevan riesgo también. Podemos tocar algún musculo y crear otras consecuencias.

Ella le miraba. Era duro que un médico le dijera eso, pero lo prefería a que le atiborran a pastillas que no servían para nada.

- ¿ Sigues con la medicación que te recetamos aquí?

- Sí, pero he quitado los anti inflamatorios porque me subían la tensión mucho y resulta que soy hipertensa también.

El medico miro la lista de medicamentos.


- Solo tomas una de nueve?- Se sorprendió

- Dos. Ya le dije que me preocupa que me fallen otros órganos. No debe ser bueno tomar al día nueve pastillas. Y si me hiciera algo bueno… tomando dos consigo los mismos efectos que tomando nueve.

- ¿Y para dormir?, es muy importante que descanses que si no… al día siguiente no serás persona.

- Ya no soy persona- dijo sonriendo a modo de burla- Tomo la de dormir y he pedido en reumatología que me cambiaran la de dormir por una más suave y me han dado gotas que dan a niños.

- Veo que lo tienes controlado. Me alegra que tomes cartas en el asunto.

- No me queda otra. Agradezco su sinceridad porque a veces te encuentras


con gente que te dice que no dejes de tomar la medicación que si tal que si cual. Y la verdad que en estos tres años desde el diagnostico he probado de todo.

- Veo en su ficha que ya desde los veintidós años ya tenías los síntomas pero no sabían lo que era y ahora ya tienes cuarenta y uno. Hemos tardado muchos años en diagnosticártelo. Es complicado hacerlo pero al final se ha hecho pero sintiéndolo mucho no hay cura- Lo dijo con cara de tristeza.

- Gracias por su humanidad que no todos los médicos tienen humanidad. Te


sueltan la bomba y te despachan como un número más y el siguiente.

El medico sonrió con pena. Se sintió impotente.

- Cuando el ciclo de dolor sea insoportable tomate la medicación como si tomaras cualquier analgésico como cuando a uno le duele la cabeza e intenta hacer lo que estás haciendo hasta ahora que está muy bien hecho. Y te veo dentro de un año para la próxima revisión.


*

Mientras ella mantenía la conversación con el medico la fibromialgia hacía de la suya esta vez con toda su metralla. Salió de la consulta con ganas de gritar, con ganas de compadecerse de sí misma, de llorar. Eso le había tocado vivir.

Jodida fibromialgia, jodido destino.





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