La persona a tu lado.


La persona a tu lado.

Desde mi posición podía observar la incipiente carne que empezaba a colgarle del cuello. Las arrugas cada vez se hacían notar.  Su pelo se estaba volviendo canoso. Se estaba convirtiendo en mi zorro plateado. Me pareció atractivo. Estaba envejeciendo a mi lado.
Han pasado muchos años desde nuestro primer beso. Toda una década pero mi amor hacia él no había cambiado. Cierto que hay días en que… pero había más días en que le comería a besos.
Ahora entiendo a la gente mayor al hablar de amor. Ese amor maduro que precede a la tempestad. Ese amor que sabe a gloria. Ese amor que no estresa. Ese amor que complementa. Llega  si darte cuenta y…fluye la paz.
Me gusta observarle cuando hace sus cosas. Escondo mi mirada en un libro bajo mis gafas de leer y le observo. Espió cada movimiento, cada gesto y me deleito con su  imagen. A veces me pilla y me pregunta.
-          ¿Qué miras?
-          Nada
Y sigue con sus cosas
-          ¿Qué miras?
-          A ti.
-          ¿No me tienes muy visto?
-          No. Cada vez que lo hago tengo una visión diferente de ti.
-          Estas enajenada.
-          Eso dicen del amor. Que es un estado de enajenación.
Me sonríe con esa sonrisa cálida que me hace sentirme ligada a él. Y le suelto.
-           Me gustas.
Sonríe y con un gesto, hace como quitándole importancia, aunque en el fondo sé que le ha encantado, como a mí decírselo.


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