Las cartas

Tú eres mi destino.




¡Querida mía!
Tus palabras me han sonado duras y vacías. No sabía que estábamos en ese punto en nuestra relación.
Es cierto que omití muchas cosas a lo largo de estos quince años pero nunca te mentí. Si me hacías una pregunta directa, te contestaba, si no preguntabas, no contaba nada. Siempre pensé que no hacías las preguntas adecuadas porque no querías saber. Pensé que ambos aceptábamos la relación que teníamos porque nos necesitábamos. Nuestro proyecto era acabar juntos, envejecer juntos. Y estamos cerca. 
Te dí tu espacio cuando desaparecías porque entendía que lo necesitabas. Y cuando volvíamos a estar juntos era como si nunca nos hubiésemos separado.
Tú eres mi destino. Lo supe nada mas verte en esa cafetería de París. Llevabas dos trenzas africanas que te dejaban la frente totalmente despejada para que yo pudiera ver esos labios carnosos pintados de color burdeos y esa sonrisa que viste toda tu cara como una melodía de una canción melancólica.
Al acercarme envidie a Fran, porque pensé que erais pareja. Qué alivio saber que solo erais amigos. Cada vez que sonreías la gente a nuestro al rededor dejaba de existir. Deseé que Fran se fuera pero no fue a si. Y yo no tuve oportunidad de decirte lo impresionado que me habías dejado. Mas bien lo enamorado que me habías dejado. Fue amor a primera vista.
Tuve que ingeniármelas para coincidir contigo porque Fran no soltaba prenda. Estaba celoso aún sabiendo que no tenia opciones contigo pero tampoco quería que yo las tuviese. Te ibas a quedar todo el verano en París en casa de la hermana de Fran. Tenías problemas en tu matrimonio. Y no parecías accesible pero yo...ya estaba enamorado de ti. Mi vida fue un invierno desde entonces.
Fue un largo verano. Mi matrimonio también hacia aguas pero no estaba en el mismo punto que tú.
Cuando hablaba contigo mi mundo se paraba.  Atisbé un halo de esperanza en tus sonrisas. Yo también te gustaba.
Recuerdo nuestro primer beso como si fuera ayer... ¿Te acuerdas tú?

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