Las mamis



La mami del pasillo verde.


Bajé del coche sofocada pese a que hacía un  frió helador. Abrí el maletero y saqué el carro bi-plaza especial. Abrí la puerta del más pequeño. Le saqué de su sillita y le metí en el carro. Rodeé el coche y fui a por el mayor. Noté el dolor profundo justo cuando me dijo el mayor que le cogiera en brazos.  El pequeño me miró con ojos tristes. Tenía fiebre, 39,9 grados marcaba el termómetro cuando decidí llevarle a urgencias. Saqué al mayor de la silla y le llevé en brazos al carro. Mi cuerpo se estaba resintiendo.
 El dolor me observa desde abajo y me sonríe. "Ya te dije que no te iba a dejar en paz. Hoy, empezaré por tus piernas e iré subiendo dándote fuertes latigazos hasta llegar a los riñones mientras organizo una gran fiesta con mis amigos por tu coxis y no creas que pararé en esa zona. No. Seguiré por toda tu espalda llegando casi a invalidar tus manos para que no puedas coger en brazos a tus hijos".
Hice oídos sordos.
"¿Sabes que disfruto torturándote?"
Seguí colocando a mis hijos en el carro. a Abrochando cinturones sin hacerle caso al dolor. Me dio un latigazo, pero yo ya estaba andando empujando el carro. –“No existes para mi” – Pensé para hacerme la fuerte.
Urgencias estaba abarrotado de nin@s. Y yo con mis dolores y mi hijo mayor haciendo de las suyas me dispuse a esperar lo que hiciera falta.
A la hora de estar ahí localicé a una mami en el pasillo acuñando a su bebe. La vi triste, desolada y con ganas de haber estado llorando. El instinto de protección me hizo acercarme a ella y hablar con él bebe que no dejaba de llorar. Al ver a mis hijos, la niña dejó de llorar y se puso a jugar con ellos. La mami me sonrió.
 Gracias – Me dijo-
  ¿Por qué? – Le pregunté
 Por venir en mí ayuda. Ya no sabía qué hacer. Lleva horas llorando y llevo toda la noche sin dormir. Estoy exhausta. Tengo ganas de llorar.
 - Llorar es bueno y alivia- Le contesté.
- ¿En el hospital?
 -  ¡Qué mejor sitio para hacerlo!
Me sonrió. Vi en sus ojos alivio, cansancio, madurez. Las arrugas en el contorno de sus ojos la hacían atractiva  pese a las ojeras, se la veía bella.
- ¿Cómo puedes hacerlo con dos, si yo con una apenas puedo?
  No puedo tampoco, solo que me dejo llevar e intento sobrevivir. Los animales tenemos mecanismo de supervivencia, cuando ya no puedes y crees que te vas a morir, se activa ese mecanismo y empiezas a hacer las cosas en modo automático.
 -  ¿Y cómo se hace?
-      Saldrá solo. Cuando el cerebro y el cuerpo se pongan de acuerdo activaran el modo automático e iras haciendo las cosas sin pensar.
 Lo necesito. Ya no puedo más.
- ¿Estás segura de que no lo tienes activado?, porque estás aquí, agotada, casi a punto de llorar, pero estas aquí.
Le cogí de la mano. Las tenía frías. Se las froté para que entrara en calor. La sonríe y se le escapó una lágrima.
- Encuentro consuelo en una desconocida. Mi marido no se ha dignado a ayudarme con la niña.
   -  No soy una desconocida. Soy una mami como tú y por eso nadie mejor que yo para entenderte.
       -  Ya…pero siento que estoy cabreada con el mundo, con cada ser que habita este mundo.
        -   Eso es rabia y es normal.
       - ¿Lo ves todo fácil, no?
         -  Para nada. Yo he estado por donde estas ahora y tomé una decisión. Mis hijos son míos para bien o para mal. Agradezco toda ayuda, pero si el más próximo a mí no ve que necesito ayuda, no se lo pido para no sentirme más sola.
        -  Estoy indignada. La niña había tenido fiebre toda la tarde de ayer cuando me metí en la ducha y le dije a mi marido que por favor que le volviera a poner el termómetro para ver como andaba de temperatura. Lo que tardé en poner toallas limpias y volver al cuarto de la niña ya se había quedado dormido con la nena en brazos. Le pregunté si la niña tenía fiebre, me dijo; “38,8grados- Le miré ahí dormido y le pregunté-
   -  ¿Y lo que debes hacer cuando tu hija tiene fiebre es quedarte dormido?, ¿Sabes que es un bebe y que hay que controlarles la fiebre? – No dijo nada, se quedo mirándome como si le estuviera hablando en chino. Cogí un paño, lo humedecí y se lo puse a la nena en la frente.
-          Vete cambiándolo de posición mientras me ducho. Me di una ducha rápida, la más rápida que pude para poder estar con mi bebe e intentar bajarle la fiebre. Al salir del baño me topé con mi marido en la puerta que iba a entrar a ducharse. Le miré extrañada y le pregunté.
-          ¿Le ha bajado la fiebre a la niña?
-          No, tiene 38,8 grados.
-          ¿Y le has dejado en la cama? – Le pregunté incrédula-
-          Sí, me ha dicho que quería la cama.
Estuve unos segundos mirándole a los ojos, a ver si podría encontrar un poco de  lógica en él. Respiré hondo y conté hasta diez. Y luego espeté con furia.
-          ¿Estás bien de la cabeza? Un bebe si tiene fiebre hay que bajárselo como se pueda, no puedes dejarle en la cama aunque te lo haya dicho, cosa que dudo, porque la niña solo quiere brazos. Se ha dormido y la has dejado en la cama con fiebre. ¿Dónde está tu responsabilidad de padre? Sabes que le puede ir subiendo la fiebre?
Me miró como alguien que mira a una loca. Y supe lo que siempre pensé de él. Él no había sido dotado con el intelecto de la lógica. Era un primate  sin terminar de desarrollarse.
Le dejé en la misma puerta del baño y corrí a coger a mi bebé en brazos. Estaba ardiendo, le pude el termómetro y la fiebre había subido.39,9 grados. Estaba histérica e indignada con su padre.
-          ¡Joder¡ a la niña le ha subido la fiebre- Le grité desde el dormitorio de ella- Ni siquiera sabes ser padre. No es lo que la niña te pida, es lo que tú como padre debes hacer, cuidar de tu niña, si tiene fiebre intentar bajársela.

Cogí a mi hija y la llevé al baño echando a su padre de él.
-          ¡Estas exagerando! Estas sacando las cosas de contexto-me dijo observando cómo llevaba a la niña en brazos.
-          Prefiero exagerar. ¿Acaso no sabes que los niños se mueren por la fiebre? Le dejas en la cama, le sube la fiebre mucho y se te muere la niña porque tú has decidido descansar. Cuando se es padre, no se descansa, no se mira el bienestar de uno mismo, sino de estos seres tan pequeños que son indefensos.
Salió del baño dejándome sola con mi niña.
 Le quité la ropa y le mojé la cabeza en espera de bajarle la fiebre. Las lágrimas me bajaban por las mejillas sin querer y el dolor en mi corazón era inmenso. Mi niña estaba débil, apenas hablaba ni me sonreía.
A las cuatro de la mañana conseguí que la fiebre bajara entre paños húmedos y duchas. A esa hora me metí en mi cama con ella.

Tenía las lágrimas a flor de piel. La observé y me entraron ganas de llorar, pero sabía que si lo hacía ella me seguiría en esa labor tan placentera de desahogo. Tenía que ser fuerte. La sonreí mientras acariciaba su mano y esperaba que se recompusiera.
-          ¿Tu marido no te ayudo en toda la noche? – Le pregunté-
-          No.
Asentí.
-Al principio iba yo con la niña al baño, le ponía las compresas frías. Pero llego un momento que estaba agotada, y le llame. Le obligue a que me trajera los paños cuando las necesitara. Un de las veces que me dio el paño, mientras se iba a la cama le pregunté.
- ¿No has pensado relevarme para que yo también pueda descansar como tú?
- ¿Necesitas que te releve? – Me preguntó desde la cama-
Me entró la risa. Y ahí me quede en la mecedera con mi bebe  y él en la cama. No vino a ayudarme.

Miré a nuestros hijos jugando. Su hija parecía mejor ahora que estaba con los míos. La sonríe.
-          No eres exagerada. Eres una madre estupenda. Hiciste lo que tenías que hacer.
-         Gracias
Se secó una lágrima que se le cayó y la llamaron para entrar en la consulta.
Cogió a la niña, el carro, el bolso, el paraguas, su abrigo y encaminó a la consulta. Al llegar a la puerta, giro, me miro y me dijo.
-          Muchas gracias.
-          De nada le contesté.
Me quedé con mis dos niños, viendo cómo se peleaban por el carro. El pequeño parecía un poco mejor.
El dolor me volvió a saludar.
-          ¡Hola!, sigo aquí, no me he ido.
-          Lo sé, te padezco, pero por un momento apenas te he sentido.
-          No me ganaras – Me espetó-
-          No merece la pena que te conteste- Pensé y seguí divagando.
Pensé que esa mami no me había contado nada que no le hubiese pasado a cualquier mami. Tal vez no exactamente, pero sé que las mamis sufrimos mucho. Las mamis a veces nos sentimos solas porque el compañero que elegimos no está a la altura de nuestras expectativas.  Yo hace tiempo que me di cuenta y actuó en consecuencia. No espero nada. Hago hasta dónde puedo, pero debo reconocer que la decepción es grande. Ella se dará cuenta con el tiempo y lo asimilara mejor.

Gracias a la mamis de este mundo que son histéricas, que preveen los acontecimientos en la vida de sus bebes. Porque las mamis somos como las leonas y a nuestros cachorros no los toca nadie, porque  sacamos las garras. Nunca intentes hacer ver a la una leona que exagera cuidando a su cachorro, puedes salir mal parado.

¡Felicidades mamis por ser como sois!





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