Un tipo fiel. Ella


Ella

Dos semanas llegando tarde o casi justa al colegio, le estaba volviendo loca. Había perdido su toque del reloj suizo en puntualidad. Cada vez se le hacia más duro volver a la época en que ella misma era la puntualidad personificada.
Siempre había oído la frase de "si crías dos, crías tres". No estaba de acuerdo, dos no son tres. Y los tres se multiplican con el exponencial mas alto si cabe cuando son pequeños.




No entendía que le estaba ocurriendo. Le costada organizarse con los tres en las dos últimas semanas. Y debido a eso había echado de menos a su ex marido. Porque cuando eran dos, había más manos, más ojos para los tres niños.
Hacia dos años que se había separado. Nunca echo de menos a su ex, pero estas dos ultimas semanas estaban siendo duras para ella.
A las seis sonó su despertador y se prometió que esta vez no iría con la lengua fuera. Seria puntual. No quería ver la cara de la directora acusándola en silencio de ser una "mala madre".
Mientras se preparaba el café, pensó en los días en que al despertarse, tenía el café recién molido preparado. El olor le despertaba. Ahora se lo tenia que preparar ella.
El olor a café recién molido saliendo de la cafetera le reconfortó. Ella sólita se lo podía hacer y sabia igual de rico. Sonrió y le dio un sorbido.
Preparó el tentempie de los niños. Desayunó fuerte y se preparó para despertarlos.




Miró la hora. Las ocho y media. Los cuatro estaban ya dentro del coche con los cinturones puestos  Estaba contenta. Así llegaría e inclusive con tiempo. Puso la radio  y arrancó el coche. Estaba relajada. Era consciente que conducir con estrés no era lo mismo que conducir relajada. Se disfrutaba más. Las canciones de la radio sonaban mejor. Los niños cantaban y ella se sintió orgullosa de salir a su hora.





El primer sitio que encontró, no era muy grande ya que había un garaje. Decidió arriesgarse. El coche se quedó bastante justo pero podría salir el otro coche del  garaje. Al terminar de aparcar vio como el coche del garaje salia. Vio como el conductor maniobraba un poco. Ella se disculpó con una sonrisa. Y él le correspondió con otra. Se sintió relajada porque él le había sonreído y no parecía que estuviera de malhumor. Le gustó la sonrisa de él.  Era hipnótica.
Los niños bajaron del coche y ella giró para volver a mirarle. El también se había quedado parado, observándola.
Ella pensó " anda que al final llegaras tarde, al final el tiempo que habías ganado, lo perderás  en la mirada de un extraño".
Su hijo mayor con mochila en la espalda lideró el grupo. Ella cogió a los dos pequeños uno en cada mano y prosiguió el camino marcado por el mayor.



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