Un tipo fiel. La soñadora.



La soñadora.

¿Cuantas veces se había definido como una persona cerebral? Estaba recordando la cantidad de veces que le había aconsejado a Lucía sobre el amor romántico. Ella siempre repetía y repetía que el amor romántico estaba sobrevalorado. Y ahora se encontraba deseando ese amor romántico para sí.
Otro día más para intentar verle. Ayer le saludó. Le vio la cara, vio su sonrisa y vio sus ojos detrás de sus gafas de ver. Le gustaba y sobre todo le gustaba tener algo en que pensar diferente de su día a día.
Pero el miedo a no poder aparcar cerca de su garaje le atormentaba.



Las mañanas se llevaban mejor con ilusión. Tenía más paciencia con sus hijos. Y Lucia tendría razón. Estaba pletórica de felicidad y encontraba guapa su reflejo en el espejo. Bi pensaba que se merecía la oportunidad de conocer a alguien que mereciera la pena. Alguien que le entrara por los ojos, no por las bragas. Estaba cansada de citas que no llegaban a nada. De conversaciones que nada más empezar se les veía el plumero, que querían meterse entre sus sábanas. Ella no estaba dispuesta a tener esa relación. Le dejaban vacía, porque era sólo sexo.
Tenía ganas de salir huyendo una vez llegado al clímax. Nada de sobrecama, nada de cariño, sólo huir. Por eso se había aficionado a su vibrador. No le dejaba la sensación de salir huyendo. No tenía que fingir que estaba agusto con él. Al terminar,lo lavaba y lo metía en la mesita de noche. Al terminar podía quedarse dormida sin que le molestara. Al terminar podría hasta salir a correr. Sin dar explicaciones. Esa libertad, no estaba dispuesta a perderlo por un mal polvo o por cinco segundos de clímax. Ella necesitaba otra cosa aunque todavía no sabia lo que era.




Salió de casa cinco minutos antes de lo habitual. Y deseó poder aparcar cerca de su casa. Eso es lo único que haría. Se quedaría ahí y esperaba que él hiciera algo ya que ella iba con los niños y no podía ponerse a tontear con un desconocido. ¿ O si? ¿Seguía siendo un desconocido para ella? Sonrió a través del espejo retrovisor. Revisó sus labios. Le gustaba el color que había elegido para ellas. Burdeos tirando a marrón. Resaltaba sus labios carnosos. Una de las partes de su cuerpo que más le gustaba y como ella siempre decía " mis labios son la cara de mi alma, no mis ojos"




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