Un tipo fiel. No era la primera vez.


Ahora estaba seguro de que le había visto antes. Fue en el supermercado. Ella estaba en la caja pagando. Pasó la tarjeta de crédito a la máquina pero la máquina no respondió. Ella debía introducir la tarjeta. Recordaba haberla orientado. Recordaba que ella le sonrió sin mirarle a los ojos. Recordaba su voz. La recordaba a ella.
Cuando la vio parada al lado de su coche pese a llevar la capucha puesta, él la reconoció. La chica del supermercado. Ya aquel día él se sintió atraída por ella de una manera visceral. Y ese sentimiento volvió a él. Era un sentimiento primario. Era la tercera vez que la veía y ese sentimiento se  agudizaba más.






Ahora tocaba jugar sus cartas.  Lo tenía fácil porque se le daban bien las personas. Era una de sus cualidades más característico. Vivía de ello, a si que entrarla no iba a ser nada difícil. Sería como coser y cantar. Siempre se le habían dado bien las mujeres. Era consciente de su atractivo y siempre conseguía lo que necesitaba de ellas.




Se perfumó y se puso la bufanda. Salió a esperarla en la puerta de su garaje y esta vez fuera del coche.
A los cinco minutos ella aparcó en el sitio que estaba reservado sin estarlo a su coche. Apagó el motor. Sabía que debía salir. Ya le había visto nada más salir de la curva.
-  Niños, esperar en el coche unos minutos que mamá va a hablar con un señor.
Los niños asintieron  y se quedaron mirando atraves de los cristales al desconocido con el que su madre iba a hablar.
Estaba como un flan. Ella le sonrió y él le devolvió la sonrisa  mientras ambos se acercaban.




- ¡Hola! me llamo Ansgar.
Ella se quedó en silencio. Se perdió en sus ojos. Se recuperó en segundos y le preguntó.
- ¿De dónde es ese nombre? Suena a un dios noruego, a Thor o la ciudad de Thor.
-  No vas mal encaminada. Se te ve versada en la historia. Ans significa dios y Gar significa lanza.
- ¿Entonces eres el dios de la lanza? Impresionante - Contestó ella con una gran sonrisa.
- No me siento muy dios ahora mismo. Creo que me siento empequeñecido por tu belleza.
- Directo - Contestó ella-
- Es que tenemos poco tiempo y me gustaría invitarte a salir para conocernos.
-  Es justo que nos conozcamos. Y es justo que seas directo por el poco tiempo del que disponemos antes de que les salga de las órbita los ojos a mis hijos. ¿Nos cambiamos los teléfonos?
Él tenía en la mano una tarjeta, se la entregó. Ella lo cogió y se fué hacia el coche, abriendo la puerta a los niños.
Se quedó observando sin saber que hacer o decir. Ella encaminó con sus tres hijos hacia el colegio. Él gritó.
-¿ No sé cómo te llamas tú?
Ella giró, le sonrió y siguió andando.


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