Los niños y niñas no deberían enfermar

Los niños y niñas no deberían enfermar


No soy de las personas afortunadas en la salud. Y desde que no disfruto de ella, pienso mucho en lo que decían las abuelas: ...Que lo primero era la salud. Recuerdo decir: ¡Anda!, lo primero el dinero y después la salud. El tiempo me ha demostrado que no. Primero salud y luego lo demás. Si tienes salud, puedes conseguir todo lo demás.
 Me tocaba rehabilitación y en mi misma mesa estaba un niño de unos trece años.  Os parecerá una tontería, pero me chocó. Te esperas encontrar a gente mayor, gente de tu edad, no un niño que debería estar jugando.
La segunda vez en rehabilitación al despedirse su madre, habló de quimio. Mi corazón se aceleró por segundos, pero no me atreví  a preguntar. Sé que lloré por dentro. La palabra quimio no es buena. Siempre me ha asustado.
Aprendí el nombre del niño porque es un nombre precioso, igual que el de mi hijo: Guillermo. Hablé con él. Llevaba un parche en uno de los ojos. Era un gran pirata de los mares del sur. Pero el ojo destapado era de un color azul esmeralda como el mar que él mismo surcaría. Un niño guapísimo y simpático.
Cada día que iba, esperaba poder charlar con él. No sabía que le había cogido cariño hasta el día que caí en la cuenta de que él ya no iba a ir porque empezaba la quimio. Me sentí triste por no despedirme de él, por no abrirme más, por no intentar conocerlo.
Pero al llegar, ahí estaba él, sentado en rehabilitación y mi alegría fue palpable. Las palabras salieron de mi boca sin darme cuenta.
¡Qué bien Guille que estés aquí! Pensé que ya no te iba a ver y me entristecí. Me alegra poder despedirme de ti porque hoy es mi último día.
Él sonrió. Hablamos de su progreso. Y ya le pregunté a la madre.
No quiero ser entrometida, pero el otro día te oí hablar de quimio, ¿puedo preguntar qué le pasa a Guille?
¡Claro! ⸺me contestó ella.
Y me lo contó.
El niño estaba cansado, le dolía la cabeza y se mostraba abatido. Había cambiado y siempre estaba decaído. Lo llevó unas cuantas veces al pediatra. El cual le decía que eran jaquecas y le mandaba ibuprofeno y a casa. Así durante mucho tiempo. La madre al ver que el niño no mejoraba, lo llevó un día a urgencias. Y de urgencias lo enviaron al Hospital Niño Jesús. Tenía un tumor en la cabeza y le tenían que operar de urgencia.

Me sentí triste. Y dije:


 Los niños no deberían sufrir de jaqueca. No soy médica, pero si a un niño le duele constantemente la cabeza, habría que mandarle al especialista para ver qué pasa.
Eso pienso yo también ⸺corroboró la madre⸺. Después de todo lo que hemos pasado, estuve varias veces a punto de ir  a ver a ese médico y decirle un par de cosas. Pero al final no fui porque no sé cómo llegaría a comportarme ante él, que durante meses sólo me recetó ibuprofeno.

Hiciste bien en no ir porque ante una situación así, no sabemos cómo nos comportaremos y seguramente perderíamos la compostura.
Ahora ya está mejor. Ahora sonríe y es un campeón y esta quimio también la superará, ¿verdad, Guille?
Claro que sí, mamá ⸺contestó Guille.
En mi mente se quedó el pensamiento de que los niños no deberían sufrir. No deberían enfermar, no deberían pasar por ciertas cosas. Pero me queda la fuerza del Pirata Guille surcando los mares azules como sus ojos.



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Comentarios

  1. Precioso, conozco a Guille desde que tenía 5 o 6 años y le entrene a fútbol durante 3 mas o menos y me ha emocionado muchísimo tu texto...
    Es un niño increíble te lo aseguro, bueno a rabiar, que puede con todo, y lo va a poder.

    Además tiene un ángel desde hace 1 año, rubio de pelo rizado, con los ojos igual de bonitos que él, que le va a dar toda la fuerza del universo.

    Un abrazo enorme.

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