Histeria Lane. El brindis del divorcio


Histeria Lane
El brindis del divorcio


De la casa salimos a tono. El chófer, un chico guapísimo que quitaría el hipo a cualquiera, nos abrió la puerta. Nos acomodamos en el espacio para siete personas. Esa noche íbamos a estar mis cinco mejores amigas y mi otra mitad. La parte que me hacía respirar.
Teníamos reservado un bungaló al lado de la playa para siete personas, con espá y todo incluido.  Había pagado los billetes a mis amigas desde Madrid. Mi hermana venía desde Nueva York, donde tenía su residencia.
Estaba pletórica y feliz. Por fin… todo iba siguiendo su curso.
Sandra no me soltaba la mano. Se veía que en breve iba a echarse a llorar. Yo sonreía.
El chófer nos miraba a través del espejo retrovisor. No quiero hacerme la interesante, pero creo que en sus ojos había ganas. ¿O es que mi falta de sexo me estaba jugando una mala pasada? ¿Cuándo fue la última vez que tuve relaciones sexuales? ¡Ah!, ni me acordaba, ¿o sí? El año pasado cuando vinieron mis amigas, al volver a Madrid, mi marido, piripi, me echo un polvo de época. Ya nunca más.

Miraba las calles de Barcelona y sabía que me quedaba poco por abandonarlas y regresar a mi hogar, Madrid. Las quedadas una vez al año en esta ciudad me agradaban mucho.
Aparcó en  Paseo de Gracia y el chófer salió del coche para abrir mi puerta. El portero del restaurante, sin darnos cuenta, estaba abriendo la puerta de Sandra.
Salí. Respiré el aire. Eran las nueve de la noche en punto. Eso constataba en mi reloj de pulsera. Entramos las dos cogidas de la mano al restaurante. El maître nos sonrió.
⸺Buenas, Victoria y Sandra. Sus amigas ya están sentadas en su reservado.
      ⸺Gracias.
Nos acompañó. Todas se levantaron. Abrazos, besos. Preguntas.
Y nos sentamos.
Agnieska fue la primera en hablar.
      ⸺Bueno, cuéntanos algo. Nos tienes en ascuas. Algo pasa. Y creo que no hace falta esperar a Nuria porque seguro que ella lo sabe. Y estamos nerviosas.
Me miraron a mí en vez de a Sandra.
Apareció el maître de la nada y nos llenó las copas de champagne francés.
      ⸺Dice  su hermana que vayan brindando, que llega con retraso. Le mandé un chofer, ya la ha recogido, pero hay atasco.
      ⸺Gracias, Sebastián.
Las miré y dije:
      ⸺Vamos a brindar. Por algo maravilloso, por algo que le hará feliz a Sandra… ¡por su divorcio!
Nelia casi se ahoga. Sandra soltó las lágrimas que llevaba conteniendo desde hacía un buen rato. Agnieska y Susana, como buena gente de medicina,  mantuvieron la compostura y cogieron sus copas y las alzaron.
      ⸺Vamos, chicas. No me hagáis esto. Quiero brindar.
Y todas alzamos las copas y brindamos por Sandra, que por fin sonrió.


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